miércoles, 9 de marzo de 2011

Sociedad terminal (IV-2): Simplicidad e incoherencia

Javier Benegas

2.- Simplicidad e incoherencia

Durante años, este modelo, junto con sus signos estéticos, sus valores y su innegable vinculación ideológica, ha sido reproducido en multitud de acciones de comunicación, anuncios, actos, programas televisivos, fotografías, reportajes y eventos. Innumerables personajes lo han adoptado como propio y lo han exhibido en sus signos estéticos y en sus mensajes como modelo a imitar. Y su éxito ha sido innegable, no sólo por el nivel de propagación sino por la relevancia alcanzada y el grado de preferencia que ha logrado sobre el resto de modelos.

Sus mensajes, aún sin posibilidad alguna de interactuar con la realidad y de articularse de forma lógica, logran una y otra vez bloquear cualquier cuestionamiento racional gracias a su indudable atractivo, reduciendo cualquier discusión a cuestiones superficiales que, básicamente, se someten a binomios elementales como bueno o malo, guerra o paz, vida o muerte, ecologismo o contaminación, igualdad o desigualdad, solidaridad o egoísmo, simpático o antipático, moderno o antiguo. En una argumentación más práctica y realista, el modelo entraría en incoherencias como es el caso de defender la vida al mismo tiempo que se aboga por el aborto libre, o hablar de solidaridad siempre y cuando se trata de seres humanos de otras culturas o religiones o del Tercer Mundo, mientras que para con el vecino más cercano no existe en general una excesiva consideración, o defender presuntamente el ecologismo cuando se ignora que fabricar una sola placa de células solares genera una enorme cantidad de contaminación. Es la sencillez y el atractivo inmediato los que dinamizan al modelo. Y, al mismo tiempo, esa simplicidad lo limita produciendo numerosas incoherencias incompatibles con su longevidad.

A fin de cuentas, se trata de un modelo que, al margen de los mensajes grandilocuentes, no es capaz de integrar otros valores vitales para el individuo tales como el esfuerzo, el mérito personal, el trabajo y la responsabilidad. Y no sólo es que no los incorpore, es que provoca su extinción, liberando al individuo de esa pesada carga y proporcionándole engañosamente la promesa de una existencia trascendente a la vez que ausente de sacrificios. Según este modelo, un ciudadano puede renunciar al esfuerzo y a la responsabilidad personal al mismo tiempo que adquiere la capacidad de instaurar la paz mundial, defender la ecología y luchar por la igualdad y la solidaridad universal. Dentro de este modelo, cualquier individuo, sin necesidad de esfuerzo, es potencialmente un triunfador. No hace falta el estudio y el costoso aprendizaje, no ya para superar con éxito los retos cotidianos sino tampoco para saber cuál es la verdadera dimensión de los problemas que ponen en riesgo a la sociedad en la que viven, la dinámica de los mismos y sus complejas interacciones. Es tan simple como sumarse a un modelo social determinado y, una vez todos juntos, cambiar el mundo.

Al final, esta ventaja estratégica: la simplicidad, deviene en error “genético” y actúa como un virus que se activa tan pronto como el modelo empieza a reaccionar con la realidad, desmontando poco a poco el artificio. La personas que adoptan el modelo, sus signos externos y sus mensajes grandilocuentes, están predestinados como todos los demás a interactuar con el entorno más inmediato y a poner a prueba sus propias habilidades personales, es decir: todas aquellas cualidades propias de los valores convencionales que el modelo vigente ha extinguido. Y aquí es cuando empiezan los problemas. En un primer momento, las carencias pasan desapercibidas y quedan enmascaradas por el entorno que, en gran medida, está proyectado a imagen y semejanza del propio modelo. Pero es cuestión de tiempo que uno reciba mensajes diferentes, experimente planteamientos desde otras perspectivas y se enfrente a situaciones cotidianas que el modelo por sí mismo es incapaz de resolver.

Los mensajes inherentes al modelo permiten durante un tiempo evitar cualquier cuestionamiento al imposibilitar de raíz debates racionales, y reaccionar una y otra vez con respuestas simples y bipolares, es decir: bueno / malo, guerra / paz, ecológico / contaminante, moderno / antiguo. Pero, en la vida cotidiana, basar cualquier decisión personal en discriminaciones que no van más allá de bueno o malo, justo o injusto, ecológico o contaminante, paz o guerra, resulta del todo imposible: se hace necesaria una formación racional más compleja que tenga en cuenta la realidad inmediata del individuo. El modelo en sí puede resultar muy atractivo y sugerente, e incluso hacernos creer que detrás tiene mucho más que ofrecer. Pero lo cierto es que esas expectativas nunca se llegan a cumplir. En el día a día, la experiencia individual se va imponiendo y se van definiendo los verdaderos límites. Los efectos de esta traumática experiencia son diversos y producen a su vez diferentes reacciones. Por un lado, están quienes limitan su adhesión al modelo a cuestiones meramente cosméticas o interesadas que no exigen un verdadero compromiso, mientras que en su trabajo y demás cuestiones íntimas toman las decisiones en función de sus intereses particulares. Por otro, están quienes, desconcertados e incapaces de racionalizar lo que les sucede, se dejan arrastrar hacia la militancia más vehemente, o bien se desmoronan y se transforman en individuos apáticos, que tienden al relativismo y a rehuir toda responsabilidad. Y, por último, están quienes poco a poco van desechando el modelo y tratando de adaptarse a la realidad por sí mismos.

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4 comentarios:

  1. Imanol Azpicueta9 mar. 2011 16:29:00

    Si estoy de acuerdo, pero creo que muy pocos rechazamos el modelo y buscamos nuestra propia esencia, aun a costa de ser considerados "raros". La mayoría sigue el modelo. Es lo más fácil en una sociedad donde no se prima pensar ni trabajar, y donde cualquiera que pinta de verde una puerta, ya es considerado un gran ecologista. Y contra esa masa-modelo, muy útil para el político de turno,es prácticamente imposible luchar.

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  2. Sr. Benegas:

    ¿Admite la Real Academia lo de "incoerencia" sin "h" intercalada? Le juro que se lo digo sin acritud... Igual me he perdido alguna novedad, porque a lo de la chi y la yé sí he llegado.

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  3. Bueno, Javier, un modelo inválido lo único que puede demostrar es su invalidez... Y como tal está muriendo.

    Ahora ocupémonos del que establecerá el compromiso, la responsabilidad y el esfuerzo, precisamente involucrando a toda la sociedad en que no se le va a dar todo hecho y solo prosperará en función de su propia actividad material, que no la infranormal proclama ideológica...

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  4. En definitiva, seguimos aferrándonos a la infancia intelectual y espiritual, aunque esta vez la fachada resulte más ..."cool"?, y la moral más simple y autocomplaciente.
    Hace poco leí dos libros de una pensadora francesa, que en tono amable y con una comprensión apreciable hacia el ser humano y su historia(actitudes que empiezan a ser extraños a este lado de los Pirineos), trataba de explicar la deriva en la que estamos inmersos desde la caída del muro de Berlín. Reveladores.
    Entre otras muchas cosas analiza la resistencia del hombre actual a enfrentarse a un mundo de realidades complejas.
    Habla de cómo hemos acabado abrazando nuevas utopías, con sus correspondientes códigos simplistas, en los que se decretan la corrección o incorrección de ideas y actitudes, sin tomar en consideración las circunstancias que las rodean. Códigos que han sustituido como un mercado negro las antiguas normas morales.
    En su opinión, al no haber procesado desde un punto de vista racional todos esos juicios y presupuestos, no sólo hemos vuelto a renunciar a ensanchar los límites de la autonomía responsable de los seres humanos, sino que hemos conseguido alumbrar una nueva visión del mundo mucho más resistente a la crítica objetiva mediante la exposición de los hechos. Los nuevos postulados, se han convertido de esta manera, en un cuerpo doctrinal más fuerte que otros totalitarismos a los que nos hemos enfrentado previamente.
    Sospecho que dadas las circunstancias, autores como esta filósofa, no van a contar con un público amplio entre quienes difundir sus ideas.Cualquiera que sea el tono que decidan emplear.

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