martes, 12 de abril de 2011

Adiós Portugal. Hola España

Javier Benegas
De un tiempo a esta parte no hago más que leer y escuchar a supuestos gurús que el actual modelo político, en alusión no sólo a España sino a las democracias occidentales en general, está periclitado. Y que todo apunta a una renovación del modelo político en el que la participación de los ciudadanos será mucho más relevante. Según estas personas, es algo inexorable. Sin embargo, tal afirmación no se sustenta en hechos, ni siquiera en indicios. Y tengo serias dudas de que este cambio se vaya a producir sin más, porque sí, como algo inapelable producto de un devenir difuso e inescrutable.

En ocasiones puede más el voluntarismo que el análisis, y se confunden deseos y realidad. Porque si algo está quedando de manifiesto en estos turbulentos días es la férrea voluntad de los políticos y quienes les apoyan para, lejos de introducir reformas aperturistas, incrementar su poder y control sobre las sociedades occidentales. Y una de las formas más directas y sutiles de incrementar este sometimiento es el intervencionismo económico; es decir, las reformas e intervenciones económicas que están siendo vendidas a la población como imprescindibles. Tal es el caso de los llamados rescates financieros, tanto de bancos como de estados, los cuales, además, vienen precedidos por duros ajustes sociales. Conviene hacer una pequeña matización en el sentido de que todos los rescates de estos estados son también básicamente operaciones de salvamento de entidades financieras, puesto que los mayores tomadores de deuda soberana son precisamente los bancos.

"el rescate de Portugal por parte de la UE y el FMI, que con tanto alborozo han saludado los mercados, es una mala noticia para los ciudadanos portugueses y, a no mucho tardar, lo será para sus primos hermanos los españoles"

En cualquier caso, y simplificando mucho todo el proceso, al final quienes terminan endeudados son las personas físicas. Y en nuestra civilización, endeudamiento equivale a pérdida de libertad. Pues si para algo sirve el dinero, además de para proveernos de lo indispensable para vivir y proporcionarnos eso que llamamos bienestar, es para asegurar nuestra libertad individual. Es decir, con dinero uno, antes que rico, es libre. Por lo tanto, carecer de dinero y estar endeudado equivale a perder la libertad.

Todo lo sucedido desde 2007 hasta el día de hoy, lejos de darnos motivos para ser optimistas, tal y como defienden esos gurús a los que me refería al principio de este post, lo que nos anticipa es un proceso de pérdida de libertad en el que, además, la hiper inflación legislativa, que se desarrolla bajo la coartada de la lucha contra la crisis económica, está generando una progresiva involución democrática. El referente histórico a este proceso lo encontramos en lo sucedido con los países europeos tras la Primera Guerra Mundial, cuando la llamada economía de guerra propició un gran incremento del poder del Estado que, lejos de desaparecer en la posguerra, se convirtió en una constante, y desembocó en el surgimiento de los totalitarismos europeos del siglo XX, la IIGM, la Guerra Fría y la década colectivista de los años ’70.

Sirva esta referencia simplemente como ejemplo, pues, como si duda aduciría Oswald Spengler, ni los protagonistas y ni la psicología social ni las circunstancias son las mismas. En cualquier caso, existe un curioso paralelismo. Y el hecho cierto es que, a nivel sociológico, pese a que, al menos en teoría, los europeos vivimos “en libertad”, existe una percepción bastante extendida de que cada vez somos menos libres. Lo cual, al margen de la cuestión puramente política, tiene mucho que ver con el empobrecimiento progresivo que padecemos. Menos dinero, menos libertad.

"La clase política europea, unas veces por intereses nacionales, otras por defender a sus bancos y, sobre todo, por mantener su estatus, nunca ha estado dispuesta a coger el toro por los cuernos"

Desde este punto de vista, el rescate de Portugal por parte de la UE y el FMI, que con tanto alborozo han saludado los mercados, es una mala noticia para los ciudadanos portugueses y, a no mucho tardar, lo será para sus primos hermanos los españoles. Y aquí viene a colación la siguiente cita:

“Cada vez que un gobierno occidental decide, sin encomendarse a Dios ni al diablo, echar mano del dinero del contribuyente para inyectarlo en el “sistema”, las democracias se tambalean con la misma violencia con la que, a renglón seguido, se generan nuevas ondas de pobreza que terminan invariablemente por impactar sobre las sociedades expoliadas”

La clase política europea, unas veces por intereses nacionales, otras por defender a sus bancos y, sobre todo, por mantener su estatus, nunca ha estado dispuesta a coger el toro por los cuernos; es decir, asumir la realidad de que la deuda soberana de muchos países europeos es impagable. Y, con la perspectiva que nos proporciona estos cuatro últimos años de dura crisis, cada vez parece más evidente que practicar la política de retrasar lo inevitable podría tener una razón oculta: evitar el reparto equitativo de las pérdidas. De ser este el caso, cualquier proceso de regeneración democrática estaría contraindicado. Cierto es que un colapso financiero generaría graves problemas, pero a veces una verdad sirve para dar verosimilitud a una gran mentira.

En conclusión, y en contra de esa teoría que habla del advenimiento inescrutable de una nueva libertad, si el día de mañana tenemos la suerte de poder contar a nuestros hijos o nietos cómo salvamos la democracia, nuestro relato no será un breve cuento de hadas sino una larga y agónica historia épica.

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5 comentarios:

  1. Hombre, Javier, no va a ser porque sí...

    ¡Va a ser porque lo vamos a querer una inmensa mayoría!

    Y de ellos, muchos la queremos mayor y mejor, real y verdadera y no aparente, participativa y no representativa y sobre todo, bien estructurada de verdad, en la que no escape cierto poder económico...

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  2. Imanol Azpicueta12 abr. 2011 21:10:00

    Pues Javier diran que vamos a participar más los ciudadanos, pero de momento los políticos españoles, nos quitarán nuestro voto y nuestro dinero y ya no quieren saber más de nosotros. Los ejemplos del pasado desembocaron en guerras y aquí puede terminar la historia igual

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  3. Hasta ahora solo existe la queja y la realidad de quienes sufrimos en carne propia la desidia e injusticia de este estado de despilfarro, sin trabajo ni posibles de venta de recurso no dinerarios la situación es de espiral del mal, un pez que se muerde la cola y solo el quejío nota el dolor pero los que aun sobreviven huyen y aguantan sin reaccionar ni ayudar a los caidos, ustedes son ejemplo de quejio pero sin soluciones reales, no me digan que hacen o dejan de hacer y que escribiendo y difundiendo la realiodad mejora solo la accion es la medicina que puede mitigar tal cataclismo que padecemos.

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  4. No sé, a mi me parece que cuanto más engaño, menos libertad.
    Tiene usted razón en que existe una relación directa entre la libertad y tener las necesidades básicas de la vida cubiertas, es decir, entre los bienes y la libertad.
    En occidente desde hace mucho tiempo, la disponibilidad de la riqueza se desligado de la existencia de unos bienes reales y tangibles. Ha sido un proceso largo, pero durante el último siglo ha alcanzado niveles increibles. Me refiero al abandono del patrón oro y al del del patrón dolar sucesivamente.
    El resultado es que hemos desembocado en un monetarismo de caída o de subida libre, según convenga, lo que no deja de ser una economía basada en una inmensa mentira.
    La disponibilidad del dinero se expande o se encoge independendientemente de los bienes que respaldan esas emisiones. Nuestro mundo vive a expensas de unas tarjetas de crédito a cargo de una cuenta sin fondos desde hace años. Ahora lo único que nos está pasando es que nos están pasando la minuta.
    Si queremos ser libres tenemos que vivir de acuerdo con la realidad, si no acabamos como ahora, en manos de un puñado de individuos que decide cómo nos toca vivir.

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  5. Para cambiarlo de forma democrática tienes que crear un partido democrático, presentarte a elecciones, y que el ciudadano te vote. Eso es lo más difícil, la mayoría vota lo que vé en la tele, o al PP o al PSOE, entonces el cambio es imposible.

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